Los acuerdos de refinanciación en la insolvencia


Cuando un deudor atraviesa una situación de insolvencia (no puede atender regularmente sus pagos), puede desplegar 5 conductas:

  1.  Solicitar directamente el concurso voluntario de acreedores
  2. Acogerse a un preconcurso (escudo protector que le permitirá llegar a posibles acuerdos con sus acreedores)
  3. Negociar con los acreedores a “pecho descubierto” (sin dicho escudo)
  4. No hacer nada; o mejor dicho: arrastrarse por el suelo intentando alargar su agonía
  5. “Cerrar a la española”. Este término lo aprendí de un cliente que un día me contó que un abogado de confianza le cobró 500.000 pesetas por cerrar su empresa “a la española”. Cuando le pregunté en qué artículo se recogía dicho cierre, me contó con total normalidad: echamos el toldo, cambiamos de administrador, dejamos los cadáveres por el camino y nos establecemos en frente (eso sí, con otro rótulo).

A alguien le parecerá gracioso, pero el “cierre a la española” -que no se incluye en las estadísticas- es, con diferencia, la forma más utilizada a la hora de afrontar la insolvencia.

El motivo es doble: por un lado, el ADN del español y, por otro, que dichas actitudes, en muchos casos, quedan impunes y, por tanto, no cuentan con un reproche sancionador.

Pues bien, volviendo al análisis de las 5 conductas analizadas, parece que las únicas legales que no entrañan riesgos son las dos primeras: acogerse a un concurso voluntario directamente o a un preconcurso.

Si se opta por el preconcurso, varios son los escenarios que nos podemos encontrar:

  • el primero consistirá en buscar un acuerdo de refinanciación
  • el segundo, en intentar adhesiones de los acreedores a un futuro convenio que se declarará después -una vez se declare el concurso-
  • el tercero es buscar, a través de un mediador, un acuerdo extrajudicial de pagos.

Así, el primer y el tercer escenario pueden evitar el concurso -si los acuerdos alcanzados permiten remover la insolvencia-; en cambio, si se han alcanzado adhesiones a un futuro convenio, este escenario requerirá dar el paso al concurso para santificar el convenio propuesto (sin la figura del concurso, la mayoría que lo aprobó no podrá imponer las quitas/esperas a la minoría disidente; en el concurso sí.

Pues bien, centrándonos en los acuerdos de refinanciación, hay que comentar que pueden tratarse de acuerdos sin más, en los que el deudor va pactando -uno a uno- con sus acreedores -pactos asimétricos- o bien, puede tratarse de los Acuerdos de Refinanciación de la Disposición Adicional 4ª de la Ley Concursal, recientemente modificada por la Ley de Emprendedores.

Dicha Disposición no estaba presente al tiempo de promulgarse la Ley Concursal -en 2003-. El vendaval de concursos obligó a su entrada en vigor hace casi ya 2 años.

¿Qué pretende? Partiendo de la base de que en muchos concursos habría que poner de acuerdo a las entidades financieras para remover la insolvencia, se daba el hecho de que bastaba que unas entidades disidentes se descolgaran del acuerdo de la mayoría para abortar una refinanciación eficaz para el deudor.

Por ello, dicha Disposición imponía que el acuerdo de alivio financiero otorgado por el 75% de los acreedores financieros se debía imponer al resto.

La utilidad práctica de esta Disposición ha sido amplia, sobre todo en algunos concursos mediáticos. Ahora la Ley de Emprendedores ha venido a relajar este porcentaje -75%- para dejarlo en el 55%, por lo que podemos concluir que una mayoría minoritaria del pasivo financiero puede arrastrar al resto a un pacto de esperas que evite el concurso.

Bienvenida sea la referida modificación.

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